miércoles, 26 de julio de 2017

Cucharas de plata, Alción editora, 2009.

La cuchara de plata
La copa de jade






Los celebro y de ustedes

yo mismo canto.





I

Con la lanza, para mí, pan amasado; con la lanza,

vino de Ismaro; en la lanza, apoyado, bebo.


Arquíloco



He arrasado ciudades enteras con mi lanza,

en mi lanza apuntalado espero por mi amada

y bebo.






II

Yo soy servidor del señor Enialios

y sabedor del regalo amado de las Musas.

Arquíloco



Soy un guerrero de mi señor

y las musas a veces me son propicias.

Yo soy, también, un esclavo de Eros.





I

Se han ocultado la luna

y las Pléyades. Es media noche.

Pasa el tiempo.

Y yo sigo acostada, sola.


Safo



La luna se queda sola en su lenta sombra

y yo doy vueltas y vueltas

buscando tu cuerpo entre las sábanas

sin poder apagarme.





II

Amor me ha sacudido

el alma como el viento que agita monte abajo las

encinas.

Safo



Eros ha conmovido, ¡oh Venus!, tu monte.

Y las ráfagas del vendaval arrasan la gramilla

entre medio de mis piernas.






Cantar de los Cantares (1:15-17)

He aquí que tú eres hermosa, amiga

mía;

He aquí que eres bella; tus ojos son como

palomas.

He aquí que tú eres hermoso, amado

mío, y dulce;

Nuestro lecho es de flores.

Las vigas de nuestra casa son de

cedro

y de ciprés los artesonados


Salomón



He aquí que tú eres hermosa, amiga mía,

a yegua de los carros de Faraón

te he comparado.

He aquí que tú eres más bella;

tus ancas son ánforas asentadas

sobre alfombras suntuosas.

He aquí que tú eres hermoso, amado mío,

semejante a un joven caballo.

Nuestro lecho huele a flores silvestres.

El techo de nuestra casa brilla estrellado

sobre los cedros y el ciprés.






Cantar de los Cantares (7:1-3)

¡Cuán hermosos son tus pies en las

sandalias,

oh hija de príncipe!

Los contornos de tus muslos son

como joyas,

obra de mano de excelente maestro.

Tu ombligo como una taza redonda

a la que no le falta bebida.

Tu vientre como montón de trigo

cercado de lirios.

Tus dos pechos como gemelos de

gacela.


Salomón


¡Oh hija de príncipe!

Te has quitado las sandalias

ahora besaré tus pies que huelen a jacintos

y subiré por tus piernas

que son como las torres de marfil

de un templo.

Alcanzaré tu cintura

hecha a medida por la excelencia de un maestro

para mis manos.

Tu dos pechos

son racimos de uva del vino más dulce.

¡Qué hermosa eres!

Sobre tu vientre reposaré como a orillas

de los estanques de Hesbón

junto a las puertas de Bat-Rabim.



LXX

Dice mi amada que nunca ha de entregarse a ninguno,

ni tan siquiera si Júpiter mismo se lo llegara a pedir.

Dice: pero lo que una mujer dice a su amante ferviente

más vale en viento escribirlo y en la corriente veloz.


Catulo



Mi amada dice que jamás se unirá a otro

aunque Júpiter mismo se lo demande.

Pero lo que una mujer durante el coito

dice a su amante precipitándose

dura apenas un poco más que el polvo.






LXXXV

Odio y amo. ¿Por qué hago esto?, acaso preguntes.

No lo sé, mas lo siento y ello me hace sufrir.


Catulo



Nos odiamos y nos amamos

a suerte y verdad. ¿Por qué?

Tú, Lesbia, no lo sabes y yo tampoco,

aunque ahora en la siesta cara a cara

gocemos jugando con esta moneda.






LE REGRET D´ HERÁCLITE

Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca

aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.


Gaspar Camerarius, en Deliciae

Poetarum Borussiae, VII, 16.




Yo, que he sido Gaspar Camerarius,

y que también he sido el otro Jorge Luis Borges,

el mismo; algún día seré aquel en cuyo abrazo

desfallezca Matilde Urbach.





Poesía indígena de México (Nahuass)

Yo no sé si tú has estado ausente.

Yo me acuesto contigo, y me levanto contigo.

En mis sueños tú estás junto a mí.

Si tiemblan los pendientes de mis orejas

yo sé que eres tú moviéndote en mi corazón.



Bella como la flor del monte

me cabalgas bajo los árboles.

Yo escucho tu música de aros

que tiemblan cuando te mueves.

Si un día me marcho tan lejos

donde el viento sacuda los pétalos

sentiré tus pendientes tocando

mi corazón.





El bosque

Una olla hirviéndole

la sangre al invierno.

Comarca en que las rojas putas

orinan al beber fuego.


Francisco Madariaga



Una olla quema el viento del invierno.

Comarca en que las putas emboscadas

orinan sangre de fuego de la tarde.






Pasajera mulata

Mulata, lo radioso está totalmente entregado

al movimiento.

Amor es tu piel de pus de vidrio repartiendo

los dones calientes de la vida,

dando a cada hombre su parte,

a cada mundo su parte.


Francisco Madariaga



Mulata, tu vientre está totalmente entregado

a los tambores del movimiento.

Amor es tu piel traspasada por el sol de los esteros

repartiendo los dones del sexo,

dando a cada hombre su parte de lujuria

en este mundo de palmares tumbados de oro.





To Kalón

Hasta en mis sueños te me has negado

y sólo me has enviado a tus doncellas.


Ezra Pound



Desperté a las puertas de tu mansión

cuando tus doncellas me zamarreaban

sólo para negarme.





Alba

Tan fresca como las pálidas hojas húmedas

del lirio del valle

en el amanecer, ella yace a mi lado.


Ezra Pound



Ella se acostaba húmeda junto a mi sombra

en el amanecer bello su pubis

olía a flores del valle.







Causa

Reúno estas palabras para cuatro personas,

algunos otros pueden oírlas por casualidad;

oh mundo, lo siento por ti,

no conoces a esas cuatro personas.

Ezra Pound



Escribo esta línea para una persona.

Ustedes no podrán leerla ni como un rastro en la arena;

sólo a ella no se le escapará en el viento.

Oh mundo, lo siento por ti, que no la conocerás.





LIX

Unas gotas de vino del color del rubí,

un pedazo de pan, un buen libro de versos

y tú, en un solitario lugar, son más valiosos

para mí que los reinos de todos los sultanes.


Omar Khayyam



Apenas tengo para ofrecerte: un pan,

una copa de vino y algunos versos afortunados

que escribí en la noche bajo la luz de las estrellas;

pero no te cambiaría ni por todo el harem del sultán.






Alicante

Una naranja sobre la mesa

Tu vestido sobre la alfombra

y tú en mi lecho

Frescura de la noche

Calor de mi vida.


Jacques Prevert



Vos abrazada a mi cuerpo

sobre la mesa,

rueda

la naranja en la alfombra

hasta tu vestido

y perfuma al azahar nuestra noche.






Paris at night

Tres fósforos de uno en uno en la noche

El primero para ver tu rostro todo

El segundo para ver tus ojos

El último para ver tu boca

y la completa oscuridad para recordarme todo eso

Al estrecharte en mis brazos.


Jacques Prevert



Un fósforo

de pronto encendido

y en la media luz

tu cuerpo desnudo

me recuerda los besos

dados al azar

en la completa oscuridad.






No inspiración

La brisa otoñal refresca.

La luna brilla.

Las hojas caídas,

amontonadas se mueven.

El cuervo, ya recogido,

sale asustado de su nido.

¿Dónde estarás, mi amor?

¿Cuándo volveré a verte?

¡Ay! Esta noche me duele el corazón.


Li Po



En el río la luna pintada

alumbra las hojas caídas

sobre la brisa del otoño.

¿Dónde estarás, mi amor?

¿Cuándo volveré a verte?

Mi corazón es un cuervo

lleno de dolor.





A Wang Lun

Ya estoy a bordo. Voy a partir.

De pronto se aproximan por la orilla

el compás de tus zuecos y canciones.

El lago Flor de Durazno es muy hondo.

Mucho más hondo es, Wang Lun,

tu cariño por mí.


Li Po



Navegando el lago Flor de Durazno,

detrás de la montaña azul asoma la luna.

Las grullas ya pasaron el monte de bambú,

ahora habrán llegado cerca de la muralla.

Al bajar la cabeza te recuerdo,

llevo tu suave pañuelo de seda en mi mano,

mucho más suave es, Wang Lun, tu piel

cuando tu vestido cae a los pies de mi cama.






Poesía primitiva de India (Gondas)

Hay agua blanca en la colina;

de pronto,

cuando yo sacaba agua,

él hizo de mí su cama.



Hay flores blancas en la colina,

a orillas del agua,

cuando yo me bañaba,

ella hizo de mí su hamaca.





120

Noche oscura; tu belleza es en mí

como la de la mujer amada cuando ha apagado

la lámpara.


Rabindranath Tagore



Ahora tu cuerpo tiene la belleza de una noche oscura

y eres en mí como un presentimiento de relámpagos.






El cuchillo

mi mano sobre tus pechos la cocina

en reposo a esa hora el café

que hirvió el hablar en voz baja

para no molestar a la dulzura de nuestros cuerpos

que temblaban o brillaban

con una especie de luz como el cuchillo que usaste

mientras estaba en tu mano


Juan Gelman



La plenitud del mediodía calienta la cocina

en la mesa hemos olvidado el reposo

del café mientras en voz muy baja hablamos

hasta endulzarnos la lengua con largos besos

y mis manos toman tus muslos sobre el mantel

cerca del filo de los cuchillos recién acostados

cuando nuestros cuerpos apilados se voltean

tirando los platos que brillan como soles





Imposibilidad de la ausencia

¿Adónde habrás huido que no esté o mis manos?

soy de ti como el agua donde viste tu sombra


Juan Gelman



Yo iba con vos a todos lados,

cuando te acostabas, yo me acostaba,

cuando te levantabas, yo me levantaba.

Ahora que no estás ni siquiera me veo

en el agua donde sigo tu sombra.






Poesía anónima de África (Perteneciente a los Kabilia)

Llora mi corazón, lo abruman males múltiples,

tijeras lo cortan,

fiebres, dolores, mal en el costado.

Llora mi corazón, está extraviado

por la muchacha esbelta como una palmera

cuyos cabellos caen sobre su espalda.

Pero tendré pronto mi revancha

y la sorprenderé,

entonces, cara a cara, nos reconoceremos.



Un árbol marchito de tristeza,

afiebrado en un hilo de sombra al sol,

así estoy yo por la bella wangari.

Ella con su flechazo cuando te deja

te traspasa de lado a lado el corazón.

Algún día la conquistaré nuevamente

con mis canciones y danzas de ruego.

Soy un hombre paciente, capaz de tallar,

hora tras hora, una piedra con otra piedra.





Poesía anónima de África (Perteneciente a los Bantú)

Las lejanas montañas te ocultan de mí,

mientras se me enciman las cercanas.

¡Si yo tuviera un pesado martillo

para aplastar las montañas cercanas!

¡Si yo tuviera alas como un pájaro

para volar sobre aquéllas más lejanas!



Enormes montañas nos separan, enormes,

escalo una y una más y aparece otra y otra más,

en la noche un espejismo de demonios gigantes

que danzan y agarran con sus manos las estrellas.

Yo voy haciendo de a poco el sendero para encontrarte,

si un día al escuchar los tambores del corazón

no me dijeran que estoy en tus pensamientos,

me estrellaría como un pájaro contra las piedras.






Jarcha I

No me toques, amigo,

quedaos quieto ahí;

al frágil corpiño

limítese el permiso que se te ha concedido.



Amigo mío, tu boca me besa con fuego,

tus manos me dan caricias

como a una yegua blanca tendida al sol.

¡Ojalá que no te limites al permiso concedido

y el frágil corpiño me arranques de una buena vez!





Jarcha II

Oh, Yusuf, mi señor,

esta triste gacela padece por tus besos,

consuélala, acude a su llamado

o hazle al menos saber que no la olvidas.



Amo a una cristiana de ojos azules,

una noche estrellada me abrió su balcón

desde entonces añoro su piel de doncella

y deseo acudir a su llamado.

Yo, Yusuf, hago saber a todos, amiga mía,

que no te olvido.






Dos en uno

Baja

desnuda

la luna la mujer

por el pozo por mis ojos


Octavio Paz



Baja

y

sube

desnuda

una mujer en el espejo otra mujer

sobre mi cuerpo





Las prostitutas

Las prostitutas

Ángeles de la Guarda

de las tímidas vírgenes;

ellas detienen la embestida

de los demonios y sobre el burdel

se levantan las casas de cristal

donde sueñan las niñas...


José Juan Tablada



Duermen las vírgenes en buena posición,

los hombres se marchan al burdel

embistiendo como rojos demonios de copas.

Las prostitutas...

ángeles caídos de la guarda de Dios,

en sus habitaciones por un poco de dinero

se dejan amar y sueñan con una casita de cristal.






Interior

Una mesa servida con el mayor lujo

Desmesuradamente larga

Me separa de la mujer de mi vida

A la que veo mal

Entre la estrella de vasos de todos los tamaños que la

mantienen caída hacia atrás

Descotada como un golpe de viento


André Breton



Una hilera de floreros idénticos

se multiplican a lo largo

de la espléndida mesa tendida

en el extremo opuesto

la mujer de mi vida

a la que amo desmesuradamente

estrella en la luz su copa

en una ráfaga de viento de cristales

que la voltea hacia atrás

y rasga de un golpe su escote

dejando entrever los pétalos

de sus pezones como flores.





XIX (Odas de Ricardo Reis)

Placer, pero despacio,

Lidia, que la suerte a aquellos no le es grata

que de sus manos lo arrancan.

Furtivos retiremos del huerto mundo

los depredados pomos.

No despertemos, donde duerme, a Erinis

que cada gozo traba.

Como un regato, mudos pasajeros,

gocemos escondidos.

La suerte envidia, Lidia. Enmudezcamos.


Fernando Pessoa



No apuremos nuestros placeres, Lidia,

muchos más deleitoso es detenerse

antes de acabar y volver a empezar

una y otra vez.

Sin que nadie lo note, mordamos la manzana,

a escondidas del mundo no tentaremos

a la funesta fortuna.

Silencio, Lidia, seamos un oculto arroyo

donde los envidiosos no puedan mirarse.






Mi corazón está acostumbrado a los destinos remotos;

no me resultó difícil abandonar mi casa.

Pero sí dejar a la señorita Kuei:

por ella las lágrimas llenaron mis ojos.

La niña debe ser alimentada con muchos cuidados:

señora Tzao, le ruego que usted se ocupe de ello.

Por mi parte, he envuelto y he mandado una cuchara

de plata:

¡come sin preocuparte, y piensa en mí cuando comas!


Po Chu-I



Exiliado en la ciudad de Chiang-Ling,

mi corazón que estaba acostumbrado

a mirar con placer las flores del crisantemo

ahora se pregunta porque aún florecen.

En la estación de la larga tristeza

me ha dejado la señorita Kuei:

por ella mis lágrimas vaciaron mis ojos.

Señora Tzao, la joven debe ser amada con sabiduría:

le ruego que usted se ocupe de ello

ahuyentando a los amantes apresurados.

Por mi parte, he envuelto y he mandado una copa de

jade:

¡bebe sin preocuparte! Yo no te olvidaré ni cuando beba.

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