lunes, 31 de julio de 2017
sábado, 29 de julio de 2017
miércoles, 26 de julio de 2017
Cucharas de plata, Alción editora, 2009.
La cuchara de plata
La copa de jade
La copa de jade
Los celebro y de
ustedes
yo mismo canto.
I
Con la
lanza, para mí, pan amasado; con la lanza,
vino de
Ismaro; en la lanza, apoyado, bebo.
Arquíloco
He arrasado
ciudades enteras con mi lanza,
en mi lanza
apuntalado espero por mi amada
y bebo.
II
Yo soy
servidor del señor Enialios
y sabedor
del regalo amado de las Musas.
Arquíloco
Soy un
guerrero de mi señor
y las musas
a veces me son propicias.
Yo soy,
también, un esclavo de Eros.
I
Se han ocultado
la luna
y las
Pléyades. Es media noche.
Pasa el
tiempo.
Y yo sigo
acostada, sola.
Safo
La luna se
queda sola en su lenta sombra
y yo doy
vueltas y vueltas
buscando tu
cuerpo entre las sábanas
sin poder
apagarme.
II
Amor me ha
sacudido
el alma como
el viento que agita monte abajo las
encinas.
Safo
Eros ha
conmovido, ¡oh Venus!, tu monte.
Y las
ráfagas del vendaval arrasan la gramilla
entre medio
de mis piernas.
Cantar de
los Cantares (1:15-17)
He aquí que
tú eres hermosa, amiga
mía;
He aquí que
eres bella; tus ojos son como
palomas.
He aquí que
tú eres hermoso, amado
mío, y
dulce;
Nuestro
lecho es de flores.
Las vigas de
nuestra casa son de
cedro
y de ciprés
los artesonados
Salomón
He aquí que
tú eres hermosa, amiga mía,
a yegua de
los carros de Faraón
te he
comparado.
He aquí que
tú eres más bella;
tus ancas
son ánforas asentadas
sobre
alfombras suntuosas.
He aquí que
tú eres hermoso, amado mío,
semejante a
un joven caballo.
Nuestro
lecho huele a flores silvestres.
El techo de
nuestra casa brilla estrellado
sobre los
cedros y el ciprés.
Cantar de
los Cantares (7:1-3)
¡Cuán
hermosos son tus pies en las
sandalias,
oh hija de
príncipe!
Los
contornos de tus muslos son
como joyas,
obra de mano
de excelente maestro.
Tu ombligo
como una taza redonda
a la que no
le falta bebida.
Tu vientre
como montón de trigo
cercado de
lirios.
Tus dos
pechos como gemelos de
gacela.
Salomón
¡Oh hija de
príncipe!
Te has
quitado las sandalias
ahora besaré
tus pies que huelen a jacintos
y subiré por
tus piernas
que son como
las torres de marfil
de un
templo.
Alcanzaré tu
cintura
hecha a
medida por la excelencia de un maestro
para mis
manos.
Tu dos
pechos
son racimos
de uva del vino más dulce.
¡Qué hermosa
eres!
Sobre tu
vientre reposaré como a orillas
de los
estanques de Hesbón
junto a las
puertas de Bat-Rabim.
LXX
Dice mi
amada que nunca ha de entregarse a ninguno,
ni tan
siquiera si Júpiter mismo se lo llegara a pedir.
Dice: pero
lo que una mujer dice a su amante ferviente
más vale en
viento escribirlo y en la corriente veloz.
Catulo
Mi amada
dice que jamás se unirá a otro
aunque
Júpiter mismo se lo demande.
Pero lo que
una mujer durante el coito
dice a su
amante precipitándose
dura apenas
un poco más que el polvo.
LXXXV
Odio y amo.
¿Por qué hago esto?, acaso preguntes.
No lo sé,
mas lo siento y ello me hace sufrir.
Catulo
Nos odiamos
y nos amamos
a suerte y
verdad. ¿Por qué?
Tú, Lesbia,
no lo sabes y yo tampoco,
aunque ahora
en la siesta cara a cara
gocemos
jugando con esta moneda.
LE REGRET D´
HERÁCLITE
Yo, que
tantos hombres he sido, no he sido nunca
aquel en
cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.
Gaspar Camerarius, en Deliciae
Poetarum
Borussiae, VII, 16.
Yo, que he
sido Gaspar Camerarius,
y que
también he sido el otro Jorge Luis Borges,
el mismo;
algún día seré aquel en cuyo abrazo
desfallezca
Matilde Urbach.
Poesía indígena de México (Nahuass)
Yo no sé si tú has estado ausente.
Yo me acuesto contigo, y me levanto contigo.
En mis sueños tú estás junto a mí.
Si tiemblan los pendientes de mis orejas
yo sé que eres tú moviéndote en mi corazón.
Bella como la flor del monte
me cabalgas bajo los árboles.
Yo escucho tu música de aros
que tiemblan cuando te mueves.
Si un día me marcho tan lejos
donde el viento sacuda los pétalos
sentiré tus pendientes tocando
mi corazón.
El bosque
Una olla hirviéndole
la sangre al invierno.
Comarca en que las rojas putas
orinan al beber fuego.
Francisco Madariaga
Una olla quema el viento del invierno.
Comarca en que las putas emboscadas
orinan sangre de fuego de la tarde.
Pasajera mulata
Mulata, lo radioso está totalmente entregado
al movimiento.
Amor es tu piel de pus de vidrio repartiendo
los dones calientes de la vida,
dando a cada hombre su parte,
a cada mundo su parte.
Francisco Madariaga
Mulata, tu vientre está totalmente entregado
a los tambores del movimiento.
Amor es tu piel traspasada por el sol de los esteros
repartiendo los dones del sexo,
dando a cada hombre su parte de lujuria
en este mundo de palmares tumbados de oro.
To Kalón
Hasta en mis sueños te me has negado
y sólo me has enviado a tus doncellas.
Ezra Pound
Desperté a las puertas de tu mansión
cuando tus doncellas me zamarreaban
sólo para negarme.
Alba
Tan fresca como las pálidas hojas húmedas
del lirio del valle
en el amanecer, ella yace a mi lado.
Ezra Pound
Ella se acostaba húmeda junto a mi sombra
en el amanecer bello su pubis
olía a flores del valle.
Causa
Reúno estas palabras para cuatro personas,
algunos otros pueden oírlas por casualidad;
oh mundo, lo siento por ti,
no conoces a esas cuatro personas.
Ezra Pound
Ezra Pound
Escribo esta línea para una persona.
Ustedes no podrán leerla ni como un rastro en la arena;
sólo a ella no se le escapará en el viento.
Oh mundo, lo siento por ti, que no la conocerás.
LIX
Unas gotas de vino del color del rubí,
un pedazo de pan, un buen libro de versos
y tú, en un solitario lugar, son más valiosos
para mí que los reinos de todos los sultanes.
Omar Khayyam
Apenas tengo para ofrecerte: un pan,
una copa de vino y algunos versos afortunados
que escribí en la noche bajo la luz de las estrellas;
pero no te cambiaría ni por todo el harem del sultán.
Alicante
Una naranja sobre la mesa
Tu vestido sobre la alfombra
y tú en mi lecho
Frescura de la noche
Calor de mi vida.
Jacques Prevert
Vos abrazada a mi cuerpo
sobre la mesa,
rueda
la naranja en la alfombra
hasta tu vestido
y perfuma al azahar nuestra noche.
Paris at night
Tres fósforos de uno en uno en la noche
El primero para ver tu rostro todo
El segundo para ver tus ojos
El último para ver tu boca
y la completa oscuridad para recordarme todo eso
Al estrecharte en mis brazos.
Jacques Prevert
Un fósforo
de pronto encendido
y en la media luz
tu cuerpo desnudo
me recuerda los besos
dados al azar
en la completa oscuridad.
No inspiración
La brisa otoñal refresca.
La luna brilla.
Las hojas caídas,
amontonadas se mueven.
El cuervo, ya recogido,
sale asustado de su nido.
¿Dónde estarás, mi amor?
¿Cuándo volveré a verte?
¡Ay! Esta noche me duele el corazón.
Li Po
En el río la luna pintada
alumbra las hojas caídas
sobre la brisa del otoño.
¿Dónde estarás, mi amor?
¿Cuándo volveré a verte?
Mi corazón es un cuervo
lleno de dolor.
A Wang Lun
Ya estoy a bordo. Voy a partir.
De pronto se aproximan por la orilla
el compás de tus zuecos y canciones.
El lago Flor de Durazno es muy hondo.
Mucho más hondo es, Wang Lun,
tu cariño por mí.
Li Po
Navegando el lago Flor de Durazno,
detrás de la montaña azul asoma la luna.
Las grullas ya pasaron el monte de bambú,
ahora habrán llegado cerca de la muralla.
Al bajar la cabeza te recuerdo,
llevo tu suave pañuelo de seda en mi mano,
mucho más suave es, Wang Lun, tu piel
cuando tu vestido cae a los pies de mi cama.
Poesía primitiva de India (Gondas)
Hay agua blanca en la colina;
de pronto,
cuando yo sacaba agua,
él hizo de mí su cama.
Hay flores blancas en la colina,
a orillas del agua,
cuando yo me bañaba,
ella hizo de mí su hamaca.
120
Noche oscura; tu belleza es en mí
como la de la mujer amada cuando ha apagado
la lámpara.
Rabindranath Tagore
Ahora tu cuerpo tiene la belleza de una noche oscura
y eres en mí como un presentimiento de relámpagos.
El cuchillo
mi mano sobre tus pechos la cocina
en reposo a esa hora el café
que hirvió el hablar en voz baja
para no molestar a la dulzura de nuestros cuerpos
que temblaban o brillaban
con una especie de luz como el cuchillo que usaste
mientras estaba en tu mano
Juan Gelman
La plenitud del mediodía calienta la cocina
en la mesa hemos olvidado el reposo
del café mientras en voz muy baja hablamos
hasta endulzarnos la lengua con largos besos
y mis manos toman tus muslos sobre el mantel
cerca del filo de los cuchillos recién acostados
cuando nuestros cuerpos apilados se voltean
tirando los platos que brillan como soles
Imposibilidad de la ausencia
¿Adónde habrás huido que no esté o mis manos?
soy de ti como el agua donde viste tu sombra
Juan Gelman
Yo iba con vos a todos lados,
cuando te acostabas, yo me acostaba,
cuando te levantabas, yo me levantaba.
Ahora que no estás ni siquiera me veo
en el agua donde sigo tu sombra.
Poesía anónima de África (Perteneciente a los Kabilia)
Llora mi corazón, lo abruman males múltiples,
tijeras lo cortan,
fiebres, dolores, mal en el costado.
Llora mi corazón, está extraviado
por la muchacha esbelta como una palmera
cuyos cabellos caen sobre su espalda.
Pero tendré pronto mi revancha
y la sorprenderé,
entonces, cara a cara, nos reconoceremos.
Un árbol marchito de tristeza,
afiebrado en un hilo de sombra al sol,
así estoy yo por la bella wangari.
Ella con su flechazo cuando te deja
te traspasa de lado a lado el corazón.
Algún día la conquistaré nuevamente
con mis canciones y danzas de ruego.
Soy un hombre paciente, capaz de tallar,
hora tras hora, una piedra con otra piedra.
Poesía anónima de África (Perteneciente a los Bantú)
Las lejanas montañas te ocultan de mí,
mientras se me enciman las cercanas.
¡Si yo tuviera un pesado martillo
para aplastar las montañas cercanas!
¡Si yo tuviera alas como un pájaro
para volar sobre aquéllas más lejanas!
Enormes montañas nos separan, enormes,
escalo una y una más y aparece otra y otra más,
en la noche un espejismo de demonios gigantes
que danzan y agarran con sus manos las estrellas.
Yo voy haciendo de a poco el sendero para encontrarte,
si un día al escuchar los tambores del corazón
no me dijeran que estoy en tus pensamientos,
me estrellaría como un pájaro contra las piedras.
Jarcha I
No me toques, amigo,
quedaos quieto ahí;
al frágil corpiño
limítese el permiso que se te ha concedido.
Amigo mío, tu boca me besa con fuego,
tus manos me dan caricias
como a una yegua blanca tendida al sol.
¡Ojalá que no te limites al permiso concedido
y el frágil corpiño me arranques de una buena vez!
Jarcha II
Oh, Yusuf, mi señor,
esta triste gacela padece por tus besos,
consuélala, acude a su llamado
o hazle al menos saber que no la olvidas.
Amo a una cristiana de ojos azules,
una noche estrellada me abrió su balcón
desde entonces añoro su piel de doncella
y deseo acudir a su llamado.
Yo, Yusuf, hago saber a todos, amiga mía,
que no te olvido.
Dos en uno
Baja
desnuda
la luna la mujer
por el pozo por mis ojos
Octavio Paz
Baja
y
sube
desnuda
una mujer en el espejo otra mujer
sobre mi cuerpo
Las prostitutas
Las prostitutas
Ángeles de la Guarda
de las tímidas vírgenes;
ellas detienen la embestida
de los demonios y sobre el burdel
se levantan las casas de cristal
donde sueñan las niñas...
José Juan Tablada
Duermen las vírgenes en buena posición,
los hombres se marchan al burdel
embistiendo como rojos demonios de copas.
Las prostitutas...
ángeles caídos de la guarda de Dios,
en sus habitaciones por un poco de dinero
se dejan amar y sueñan con una casita de cristal.
Interior
Una mesa servida con el mayor lujo
Desmesuradamente larga
Me separa de la mujer de mi vida
A la que veo mal
Entre la estrella de vasos de todos los tamaños que la
mantienen caída hacia atrás
Descotada como un golpe de viento
André Breton
Una hilera de floreros idénticos
se multiplican a lo largo
de la espléndida mesa tendida
en el extremo opuesto
la mujer de mi vida
a la que amo desmesuradamente
estrella en la luz su copa
en una ráfaga de viento de cristales
que la voltea hacia atrás
y rasga de un golpe su escote
dejando entrever los pétalos
de sus pezones como flores.
XIX (Odas de Ricardo Reis)
Placer, pero despacio,
Lidia, que la suerte a aquellos no le es grata
que de sus manos lo arrancan.
Furtivos retiremos del huerto mundo
los depredados pomos.
No despertemos, donde duerme, a Erinis
que cada gozo traba.
Como un regato, mudos pasajeros,
gocemos escondidos.
La suerte envidia, Lidia. Enmudezcamos.
Fernando Pessoa
No apuremos nuestros placeres, Lidia,
muchos más deleitoso es detenerse
antes de acabar y volver a empezar
una y otra vez.
Sin que nadie lo note, mordamos la manzana,
a escondidas del mundo no tentaremos
a la funesta fortuna.
Silencio, Lidia, seamos un oculto arroyo
donde los envidiosos no puedan mirarse.
Mi corazón está acostumbrado a los destinos remotos;
no me resultó difícil abandonar mi casa.
Pero sí dejar a la señorita Kuei:
por ella las lágrimas llenaron mis ojos.
La niña debe ser alimentada con muchos cuidados:
señora Tzao, le ruego que usted se ocupe de ello.
Por mi parte, he envuelto y he mandado una cuchara
de plata:
¡come sin preocuparte, y piensa en mí cuando comas!
Po Chu-I
Exiliado en la ciudad de Chiang-Ling,
mi corazón que estaba acostumbrado
a mirar con placer las flores del crisantemo
ahora se pregunta porque aún florecen.
En la estación de la larga tristeza
me ha dejado la señorita Kuei:
por ella mis lágrimas vaciaron mis ojos.
Señora Tzao, la joven debe ser amada con sabiduría:
le ruego que usted se ocupe de ello
ahuyentando a los amantes apresurados.
Por mi parte, he envuelto y he mandado una copa de
jade:
¡bebe sin preocuparte! Yo no te olvidaré ni cuando beba.
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